martes, 18 de noviembre de 2008

¿Pulgas? ¡Pulgones!

Hay muchas frases hechas para describir mi estado: todas las hostias van al mismo carrillo; lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible; ya lo dijo Murphy; y una de las que últimamente más me han hecho reir: Cuando caes de culo, todos los alfileres están de punta.

La semana pasada, sin avisar (como ocurren todos los imprevistos) un neumático de mi coche pidió la jubilación anticipada. Así que, como tenía sus buenos kilómetros, cambié ese y su hermano gemelo del otro lado. En el proceso, llegué a la conclusión de que esto de la crisis no es tan grave como parece, al menos para los mecánicos. Visité dos o tres talleres, cercanos unos a otros, obteniendo la misma respuesta: "Es que vamos a cerrar de aquí a un rato, ven mañana". Fui al primero que no me dijo eso, así que ellos se lo pierden; y si pueden quedarse tranquilos perdiendo un cliente potencial, es porque la crisis no les ha dado demasiado fuerte.


La vida trascurre tranquila y relajada, el sol ilumina las frías mañanas de otoño. Parecía todo perfecto. Pero no. He aquí que, desde ayer, he ingresado en el club de damnificados por la (no-)actuación de la Ministra de Fomento, igual que media España. Intenando adelantar a un camión que no podía sobrepasar los 10 km/h por una vía de servicio (todos estos sólo sirven para chatarra), me he tragado un bache del tamaño y profundidad de una ensaladera, con tan mala suerte que una de mis ruedas nuevecitas ha dicho ¡PLOFFF! y ahi se quedó.

Por si faltaba algo, el chico de la grua que ha venido a por mí era marroquí (no problem con esto), pero le gustaba oir música árabe a todo trapo y me ha deleitado con un concierto-radiocassette hasta el taller de lo más étnico y exótico. Justo lo que necesitaba para rebajar el mosqueo... Si ya lo dice la frase: A perro apaleado, todo son... ¡Pulgones!, porque las pulgas se quedan cortas.

viernes, 14 de noviembre de 2008

La palabreja

Antes de empezar, quiero dejar claro, por si alguien se siente molesto por este post, que lo que expongo es única y exclusivamente mi opinión personal, que nadie tiene por qué compartir. Es más, si alguien la comparte le pediré royalties por copiarme ;-)

Ayer volvía a casa escuchando una tertulia en la radio sobre becarios y sus penas, y escuché una palabra que me dió que pensar: igualitarismo. Sonaba un poco amenazadora y tenebrosa, como todo lo que acaba en -ismo. Pero para centrar las ideas, copio y pego de la RAE (en la Wiki no está todavía ;-P)

igualitarismo
1. m. Tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias sociales.

Recuerdo mi época universitaria como una de las mejores de mi vida a nivel tanto académico-profesional (sí, aunque no cobrara, estudiar era mi trabajo) como personal. Sentía que evolucionaba y crecía cada día, notaba las mejoras, me asombraba al reflexionar sobre cómo era antes y compararlo con el estado sólo unas semanas después. Al terminar mis estudios, no tuve que pasar por el estatus de becario para acceder al mercado laboral. Estábamos en la época dulce de las punto-com y con los profesionales del ramo había una locura similar a la que hasta hace bien poco había con las hipotecas. Incluso me encontré con casos pintorescos como el de un Ingeniero de Caminos que trabajaba conmigo: "Me lo ofrecieron sin más".

Volviendo al tema, uno de los contertulios se quejaba amargamente de que, actualmente, las empresas cubren con becarios parte de sus necesidades de recursos humanos. No acabo de entender por qué se rasgaba las vestiduras, probablemente porque aunque la situación fuera vox pópuli, él se enteró esa misma mañana... Poco después leyeron un e-mail de un oyente donde traducía a lenguaje laboral una de las verdades más crudas de la ley de mercados: los productos indiferenciados y no especializados sólo pueden competir en precio. En este caso el producto es el trabajo que realiza la persona, y si no se diferencia del que realizan otros, no es especializado y sólo puede entrar en el mercado laboral haciéndolo cada vez más barato (el que se llame becario o no, es anecdótico).

Y aquí surgió LA palabra. Igualitarismo. Si hicieramos el mismo ejercicio de traducción al lenguaje laboral, se podría decir que es la tendencia (política?, social?, económica?) que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias laborales. Pero lo verdaderamente grave es que lo aplicó a la enseñanza universitaria: tendencia que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias académicas. Y tiene razón.

¡Que todo el mundo estudie en la universidad!¡Que todo el mundo tenga su título!¡Todos iguales!¡Valga o no valga!¡Quiera o no quiera!¡Lo único que importa es tener la etiqueta, que es lo que me va a salvar del paro y convertirme en la élite! Pues no. La etiqueta sirve para diferenciar los que la tienen de los que no la tienen. Si todos la tienen, no sirve para nada porque no diferencia nada. Estamos bajando el listón para que todos puedan llegar. ¿Y cual es el resultado? Que estamos igualando POR DEBAJO!!!