jueves, 5 de febrero de 2009

¿Habré viajado mucho a Emiratos?


Aunque todos habeis oído la expresión "reino de taifa", un poco de cultura nunca viene mal, así que copio-pego del diccionario de la RAE:

taifa. (Del ár. clás. ta'ifah, facción).
1. f. Cada uno de los reinos en que se dividió la España árabe al disolverse el califato cordobés. Reyes de taifa.
2. f. Bando, facción.
3. f. coloq. p. us. Reunión de personas de mala vida o poco juicio. ¡Qué taifa! ¡Vaya una taifa!


Seguro que os suena el punto 1 pero no sabeis de qué, así que, para que no tengais que desempolvar los libros de EGB (los que tengais) o preguntar a vuestros hijos (los que tengais) o quedaros en la ignorancia el resto de los mortales, podeis mirar aqui. Pero este post se refiere al punto 2.... Y al 3 ¡manda caralho!

Hace no mucho tiempo, el primer día de clase de lo que prometía ser una apasionante año dedicado a convertir nuestras inmaculadas almas en descarnadas máquinas de hacer dinero, el profesor que nos daba la bienvenida nos soltó de sopetón: "Habreis leído a Maquiavelo, ¿no?." Ante la cara de estupor del 99.9% de los asistentes, continuó: "Aquí aprenderéis negocios, pero habeis entrado en el juego del poder y Maquiavelo, aunque escribió hace más de 500 años, sigue siendo la referencia para ello."

Vale, aceptamos barco. Pero cuando alquien piense que convertir una empresa en un reino de taifas es la manera de salvar su culo, que recuerde lo que estudió de crío: los reinos de taifas fueron sucesivamente barridos por los almorávides, los almohades y los reinos cristianos.

lunes, 26 de enero de 2009

Matando el tiempo

Fue hace unos 4 años cuando uno de mis profesores, muy introducido en temas de Internet y comercio electrónico, nos presentó los resultados de una encuesta sobre cuál era la característica más apreciable de Internet para el gran público en España. Mucho más valorado que la posibilidad de comunicarte con otras personas a pesar de las distancias, mucho más importante que el hecho de que te ayudaba enormemente en tu trabajo, más valioso que la búsqueda de información... Internet era un entretenimiento. Y la conclusión era obvia: nadie quiere pagar por un entretenimiento, así que el índice de penetración (siento que suene así) de Internet era de los más bajos de Europa porque la gente es reacia a pagar por un entretenimiento.

Como digo, me lo dijeron hace 4 años sobre una encuesta anterior, así que podemos estar hablando de datos de hace 6 o 7 años, por lo que no se si aquella conclusión seguirá vigente. No voy a entrar en valorar si Internet es útil o no: para mí lo es, y mucho, pero para gustos, los colores. Pero lo que no entro a discutir es que es un entretenimiento de los mejores.

Dejando aparte los miles de blogs sobre inventos estúpidos, noticias asombrosas, nuevos sites porno y demás zarandajas, he estado curioseando últimamente por un directorio de enlaces a software gratis de todo tipo, y me he maravillado con dos cosas:

  • La cantidad tan increible de gente que se dedica a desarrollar estupideces
  • La cantidad más increíble aun de gente que se dedica a probar las gilipolleces que otros desarrollan
Como muestra sirvan los siguientes botones, ejemplos claros del software que no puede faltar en cualquier PC, ya sea de uso doméstico o profesional:
  • Point Motivator, permite que registres lass tareas a realizar y las puntuas al completarlas para darte ánimos
  • Lunchtime, permite vota a que restaurante vas a comer con tus compañeros del trabajo
  • Eurosinging, localiza información sobre los certámenes de Eurovisión
  • Euro Printer, imprime dinero de juguete, como el del monopoli
  • Intuition Reader, permite ejercitar nuestro sexto sentido
  • Death Timer, calcula la fecha en que vas a morir
  • HCM Amor, te da consejos para enamorar a los demás
  • Word Morph, absurdo generador de palabras absurdas, y ya va por la versión 2.3
  • Mousotron, calcula la distancia recorrida por el cursor del ratón, otro indispensable que ha evolucionado hasta la versión 5.0
En cuanto a cosas también completamente inútiles, pero que por lo menos son originales, está este generador de árboles de enlaces, que he encontrado a través de esta web que recomiendo a todo el mundo, os interese o no el arte y diseño. Básicamente das una URL y genera un gráfico como el que veis (generado con la dirección de este blog). El significado es el que sigue:
  • Bola azul = enlace
  • Bola roja = tabla
  • Bola verde = capa
  • Bola violeta = imágen
  • Bola amarilla = formulario
  • Bola naranjas = saltos de línea y/o cita
  • Bola negra = el nodo raíz
  • Bola gris = todo los demás

miércoles, 14 de enero de 2009

Don't try this at home

Este lema nos avisa de que lo que vamos a ver a continuación lo realizan especialistas (o no) preparados (o no), y que no intentemos repetirlo por aquello de descalabrarse. Otras veces resulta que a los que aparecen intentando acrobacias imposibles en bicicleta o patines se les paga para que se rompan la crisma, así que allá ellos si se matan. Y entonces vemos cosas como esta, esta, esta o esta.

Pero últimamente creo que este lema debería extenderse a otros ámbitos, como durante ciertos pasajes de Gran Hermano, algunas discusiones de programas educativos como La Noria o ¿Donde estás, corazón?, muestras sublimes de la dirección que ha tomado la cultura en nuestro país. También los deportes deberían avisar de su contenido nocivo: conciénciate niño, no sirves ni para Raul ni para Casillas, así que ponte a estudiar, joder... Y ya puestos, creo que también es extensible a Bricomanía y los programas de cocina.

Por cosas del destino tenía en casa dos lámparas de exterior bastante chulas que no utilizaba por obra y gracia del alumbrado público más potente jamás visto, así que pensé en reconvertirlas en una sola para un rincón vacío de mi casa, donde el arquitecto decidió que debía haber una lámpara. El estado inicial del rincón era este:


El diseño inicial de mi criatura distaba mucho de ser ópimo. Pregunté a mi consultor-entrenador privado durante las vacaciones (mi hermano) y después de muchas explicaciones de cosas evidentes que ni se me habían pasado por la cabeza, muchas pruebas que no me gustaban, muchas advertencias del tipo veo-las-lámparas-en-el-suelo con las consiguientes respuestas no-jodas-que-tengo-parquet, llegué a un "algo" que podía realizar yo solito y que no tenía mala pinta.

No parecía complicado: un par de cortes por aquí, dos o tres tornillos por allá, taladros en la pared, y en un periquete la lámpara estaría en su sitio... ¡El domingo entero me costó! Estoy molido, con dolor de piernas, agotado mentalmente, y con resaca de ataques de ira al comprobar que lo que parece tan fácil es poco menos que tarea imposible porque por mucho que midas y remidas, si cualquier cosa se te ladea un poco, el resto no encaja. Pero a cabezota no me va a ganar una lámpara de mierda, así que aquí teneis el resultado:

lunes, 15 de diciembre de 2008

I wish you a f... Christmas!

Vivimos, nos guste o no, en un país pasional donde los haya. Cualquier opinión discrepante da pie a las más enconadas discusiones, que (sólo) a veces llegan a las manos. El fútbol, el tráfico, la política, los vecinos de la escalera, el niño coñazo del tercero, la crisis, quién vive mejor, qué coche corre más... O sea, a ver quien mea más lejos.

Con el tema de la Navidad no podía ser menos. Hay dos bandos bastante equilibrados: los navideños y los anti-navideños. O los que dicen odiar la Navidad por que es más fashion y moderno. El tercer bando que parece existir en cualquier disputa, los de ns/nc, parece que se los ha tragado la tierra. (Inciso: falta mencionar a Reyes Magos vs. Papá Noel, pero aquí si que hay quien es un chaquetero y se apunta a todo. ¡Menuda cara!. Fin inciso).

Particularmente me decanto por la opción b: no me gusta. No entro a juzgar la vertiente religiosa y/o cultural que toda fiesta tiene, porque ni soy religioso ni conozco lo suficiente la parte cultural no relacionada con el Cristianismo en general. Pero lo que sí me parece deleznable es todo el envoltorio de la celebración: el consumismo machacón, que todos odiamos pero en el que todos caemos; la fiesta-espectáculo por definición, con luces, belenes, árboles, decoración y demás; el tener que aparentar ser feliz por decreto, "porque es Navidad"; el tener que aparentar ser buena persona sólo durante unos días, "porque es Navidad"; comilonas y cenorrios por doquier, con gente que no tragas ni te soporta, pero que "porque es Navidad" se te cuelga del hombro a llorarte sus penas borracho como una cuba; el "me llena de orgullo y satisfacción" que cada uno interpreta según quiere; las campanadas, con las fiestas saca-cuartos; las galas navideñas con artistuchos del tres al cuarto, rancios, pasados, que parecen sacados de un saldo; saltos de esquí y concierto de Año Nuevo desde Viena; las cabalgatas de Reyes...

Por lo único que he mantenido un poco la ilusión es porque, tanto en Suiza como aquí en Madrid, regresaba a mi tierra y podía estar unos días de descanso más o menos estables con la familia y los amigos. Como El Almendro, aunque yo no hacía la mili todos los años. Algo es algo.

Visto como está el patio, lo menos malo que puedo decir es

¡Feliz Navidad!


Nos vemos en Enero.

martes, 18 de noviembre de 2008

¿Pulgas? ¡Pulgones!

Hay muchas frases hechas para describir mi estado: todas las hostias van al mismo carrillo; lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible; ya lo dijo Murphy; y una de las que últimamente más me han hecho reir: Cuando caes de culo, todos los alfileres están de punta.

La semana pasada, sin avisar (como ocurren todos los imprevistos) un neumático de mi coche pidió la jubilación anticipada. Así que, como tenía sus buenos kilómetros, cambié ese y su hermano gemelo del otro lado. En el proceso, llegué a la conclusión de que esto de la crisis no es tan grave como parece, al menos para los mecánicos. Visité dos o tres talleres, cercanos unos a otros, obteniendo la misma respuesta: "Es que vamos a cerrar de aquí a un rato, ven mañana". Fui al primero que no me dijo eso, así que ellos se lo pierden; y si pueden quedarse tranquilos perdiendo un cliente potencial, es porque la crisis no les ha dado demasiado fuerte.


La vida trascurre tranquila y relajada, el sol ilumina las frías mañanas de otoño. Parecía todo perfecto. Pero no. He aquí que, desde ayer, he ingresado en el club de damnificados por la (no-)actuación de la Ministra de Fomento, igual que media España. Intenando adelantar a un camión que no podía sobrepasar los 10 km/h por una vía de servicio (todos estos sólo sirven para chatarra), me he tragado un bache del tamaño y profundidad de una ensaladera, con tan mala suerte que una de mis ruedas nuevecitas ha dicho ¡PLOFFF! y ahi se quedó.

Por si faltaba algo, el chico de la grua que ha venido a por mí era marroquí (no problem con esto), pero le gustaba oir música árabe a todo trapo y me ha deleitado con un concierto-radiocassette hasta el taller de lo más étnico y exótico. Justo lo que necesitaba para rebajar el mosqueo... Si ya lo dice la frase: A perro apaleado, todo son... ¡Pulgones!, porque las pulgas se quedan cortas.

viernes, 14 de noviembre de 2008

La palabreja

Antes de empezar, quiero dejar claro, por si alguien se siente molesto por este post, que lo que expongo es única y exclusivamente mi opinión personal, que nadie tiene por qué compartir. Es más, si alguien la comparte le pediré royalties por copiarme ;-)

Ayer volvía a casa escuchando una tertulia en la radio sobre becarios y sus penas, y escuché una palabra que me dió que pensar: igualitarismo. Sonaba un poco amenazadora y tenebrosa, como todo lo que acaba en -ismo. Pero para centrar las ideas, copio y pego de la RAE (en la Wiki no está todavía ;-P)

igualitarismo
1. m. Tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias sociales.

Recuerdo mi época universitaria como una de las mejores de mi vida a nivel tanto académico-profesional (sí, aunque no cobrara, estudiar era mi trabajo) como personal. Sentía que evolucionaba y crecía cada día, notaba las mejoras, me asombraba al reflexionar sobre cómo era antes y compararlo con el estado sólo unas semanas después. Al terminar mis estudios, no tuve que pasar por el estatus de becario para acceder al mercado laboral. Estábamos en la época dulce de las punto-com y con los profesionales del ramo había una locura similar a la que hasta hace bien poco había con las hipotecas. Incluso me encontré con casos pintorescos como el de un Ingeniero de Caminos que trabajaba conmigo: "Me lo ofrecieron sin más".

Volviendo al tema, uno de los contertulios se quejaba amargamente de que, actualmente, las empresas cubren con becarios parte de sus necesidades de recursos humanos. No acabo de entender por qué se rasgaba las vestiduras, probablemente porque aunque la situación fuera vox pópuli, él se enteró esa misma mañana... Poco después leyeron un e-mail de un oyente donde traducía a lenguaje laboral una de las verdades más crudas de la ley de mercados: los productos indiferenciados y no especializados sólo pueden competir en precio. En este caso el producto es el trabajo que realiza la persona, y si no se diferencia del que realizan otros, no es especializado y sólo puede entrar en el mercado laboral haciéndolo cada vez más barato (el que se llame becario o no, es anecdótico).

Y aquí surgió LA palabra. Igualitarismo. Si hicieramos el mismo ejercicio de traducción al lenguaje laboral, se podría decir que es la tendencia (política?, social?, económica?) que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias laborales. Pero lo verdaderamente grave es que lo aplicó a la enseñanza universitaria: tendencia que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias académicas. Y tiene razón.

¡Que todo el mundo estudie en la universidad!¡Que todo el mundo tenga su título!¡Todos iguales!¡Valga o no valga!¡Quiera o no quiera!¡Lo único que importa es tener la etiqueta, que es lo que me va a salvar del paro y convertirme en la élite! Pues no. La etiqueta sirve para diferenciar los que la tienen de los que no la tienen. Si todos la tienen, no sirve para nada porque no diferencia nada. Estamos bajando el listón para que todos puedan llegar. ¿Y cual es el resultado? Que estamos igualando POR DEBAJO!!!

jueves, 2 de octubre de 2008

Benzin

Las gasolineras parecen ser lugares extraños que pertenecen a un mundo paralelo. Han evolucionado desde los cutres surtidores aislados, instalados a las puertas de una destartalada cabaña al lado de una carretera polvorienta, como se ven en el cine, a ser casi más grandes que los centros comerciales, con supermercado, restaurantes, hotel, guardería y demás historias. Incluso los hay que se convierten en verdaderos oásis en medio del desierto, como uno que conozco en EAU que tiene los únicos establecimientos donde comprar algo de comer en varias decenas de kilómetros a la redonda. Y, como no podía ser menos, lo que ocurre en ellas, también es casi de otro mundo.

El otro día Ishtar recomendaba tirar casi todo lo que significara pasado para no anclarnos y poder evolucionar. Yo empecé a hacer lo propio en casa el otro día, y descubrí que tengo trabajo para rato. Me asombró la cantidad de cacharros y cachivaches que me resistía a tirar, y que al cabo de los años no hacen otra cosa que criar polvo en algún rincón de la casa. Así que me pregunté: ¿para qué quiere alguien un compresor de aire en casa? Lo digo porque en varias gasolineras he visto que debes ir a pedir el manómetro para comprobar la presión de los neumáticos. Ergo, los roban. Ergo, alguien tiene uno de esos trastos en casa.

También he llegado a ver esto en una gasolinera, sin que el individuo en cuestión llegara a arrancar nada (me consta que hay quien sí lo ha vivido, con riesgo de incendio y todo). El tío había pedido que le repostaran, había ido a pagar, y pensaba arrancar sin preocuparse de nada. Había que ver la bronca que le pegó al pobre chico de la manguera por no haberle avisado. Como si la manguera no se viera, o como si el dueño no tuviera que comprobar nada.

Y, por supuesto, yo también he hecho de las mías. A veces he de mover el coche para que no me sucediera esto. Pero lo más fuerte fue el otro día, al salir de la oficina, debía tener la cabeza en otro mundo porque, al mirar el reloj del salpicadero cuando salía de la gasolinera, pensé: "Esa lucecita amarilla debería estar apagada". La cara del tipo al que le pedí que moviera el coche porque no había repostado era para sacarle una foto.